Viajar en tren y sobrevivir para contarlo

Viajar en tren es una de las cosas más fabulosas que pueden suceder en cualquier lugar del mundo. Excepto en la Argentina. Estado calamitoso de los trenes, servicios deficientes, grandes cantidades de pasajeros para pocos vagones, “latas de sardinas humanas”. Eso es lo que vemos día a día por la TV, lo que nos muestran los noticieros y es cierto; el estado es espantoso.
Cuando se lanzó el nuevo servicio de Trenes de Buenos Aires, que uniría diariamente (de lunes a viernes) a la terminal de Retiro con Rosario Norte, muchos festejaron la iniciativa. El problema surgió cuando en su viaje inagural, el tren que debía llegar a las 11.17 AM, lo hizo dos horas más tarde. 8 horas de viaje para unir Rosario con Buenos Aires. Los medios salieron inmediatamente a críticar el servicio, las asociaciones de amigos del tren (sí, existen esas cosas también) comparaban servicios de la década del 10 del siglo pasado, que eran mucho más rápidos que este servicio.

¿Pero cuántos periodistas viajaron realmente en tren para contarlo? Muy pocos. Todos se basaron en los hechos fácticos sobre el viaje en tren (llegó demorado, el servicio es lamentable, una vergüenza nacional).

Cuando Marta me propuso viajar a Buenos Aires en tren, yo acepté de inmediato. Desde que me enteré que volvería a circular un tren por esas vías abandonadas, quise utilizar el nuevo servicio. Pero claro, la opinión de los periodistas que sólo comentaron “la mala noticia” de que el servicio inaugural demoró 8 horas, espanta a cualquier persona.

Hoy a las 5.15 AM una treintena de pasajeros nos subimos al último tren de esta semana con diversos destinos. Algunos se bajaron en San Nicolás (en donde subieron muchos), otros fueron hasta San Pedro o Baradero. La mayoría de ellos son estudiantes universitarios (que como todos sabrán) siempre les cuesta todo mucho más que al resto (en este caso también y deben optar por lo más económico que encuentren).

Los trenes que se utilizan para unir el recorrido, son unos trenes que se utilizaban en España en la década de los 80 y eran conocidos como “camellos” debido a que por los sistemas de ventilación, los vagones tienen dos “jorobas” en su techo. La cantidad total de pasajeros que podrían viajar en el tren es de 228.

Los coches cuentan con calefacción y aire acondicionado y están en relativo buen estado general (y limpios por sobre todas las cosas)

La primer parte del viaje, nos pidieron que cerraramos las ventanas con las cortinas, debido a que los trenes son víctimas de piedrazos constantes (sobre todo cuando circula sobre asentamientos precarios que se encuentran casi casi sobre las vías mismas).

Cuando salimos de Rosario, la primer parada fue en Alvear (una parada demasiada larga para mi gusto, de 15 minutos, con lo cual estaba imaginandome lo peor). Cuando arranca nuevamente el tren, supuse a que se debía a que otro tren (de cargas) estaba circulando por la misma y obstaculizaba la circulación.

Hasta que cruzamos el Arroyo del Medio (limite natural entre Santa Fe y Buenos Aires) la circulación era ultra silenciosa (en serio!). No se producían movimientos extraños, ni el clásico “traqueteo que imaginamos o sufrimos todos los que viajamos en precarios trenes) La velocidad calculo que rondaba los 80 km / hora la cual es muy buena (teniendo en cuenta el estado general)

Llegando a San Nicolás, la cosa cambia abruptamente. El famoso “traqueteo” se sentía mucho más fuerte y la velocidad era menor.

Recién cuando pasamos San Pedro (justo a mitad de camino entre Baires y Rosario), la situación mermó muchisimo y el confort de circulación retornó.

Cuando digo que es encantador viajar en tren, es porque uno vuelve a descubrir todos esos pueblos agricultores que fueron los que hicieron grande al país en su momento y que con la desaparición de los trenes murieron lentamente. Me sorprendió ver a gente que salía a la puerta de su casa (eran las 6.30 AM) para ver pasar el tren. Para esos pueblos, el tren es todo. Lamentablemente, los pueblos parecen sitios fantasmagóricos y es realemente una pena que ello suceda.

La creación de una autopista paralela (pero que no ingresa a las localidades, sino que las bordea) influye muchísimo más para que todos pensemos que son ciudades que no existen. Sí existen y hay mucha gente que vive alli y merecen que las recordemos. A mi en lo personal, me ha emocionado mucho esta experiencia.

Luego de la última parada en Zárate, el tren tiene vía libre hasta Retiro. La velocidad con la cual se hizo ese tramo es increíble. Muy rápido. Y los 15 minutos de atraso en Alvear, fueron recuperados allí.

La llegada a Retiro fue a las 11.15 minutos. 2 minutos antes de la hora planificada por TBA. Sin dudas un mérito que destaco para la tan vapuleada TBA (y que lamentablemente los medios no cubren que mejoró su circulación actualmente)

Cuando llegamos a Retiro, nos sentimos realmente satisfechos por haber emprendido este viaje. Y yo en lo personal, estoy emocionado por haber recordado a todos esos lugares que la política y la economía argentina han olvidado. Viajen en tren. Es otra forma de conocer nuestro país.

Lo bueno: Los coches están en condiciones, cumplieron con su puntualidad y está bueno volver a circular por esos lugares que olvidamos o sólo vemos en carteles indicatorios en la autopista.

Lo malo (algo malo tiene que tener): las butacas deberían tener reclinación, falta un bar arriba del tren (sería fantástico) y poco espacio de separación para las piernas (habría que reconfigurar todos los asientos del tren)


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