Envidia a la sudamericana

Hay cosas que me dan envidia de otros países del mundo que aquí, en Argentina, no se consigue. Así como ellos no tendrán nunca a las mujeres más lindas (como las rosarinas), y nunca serán buenos en el soccer, una de las cosas que siempre vemos en la facultad, es que EE.UU, ese país odiado en el mundo, fue el primero en establecer las reglas de las repúblicas modernas y el primero en ser considerado una democracia.

Pasaron muchos años para que esto se convirtiera en una realidad, ya que una cosa fueron los dichos y otros los hechos. La población negra fue una de las más sufridas en el gran país del norte (así como hoy lo son los latinos) y muchas personas murieron en miras de un futuro mejor.

Barack Obama representa a una nueva generación de políticos americanos, que no fueron hijos de papá, que no obtuvieron un lugar en las principales universidades de EE.UU gracias a los importantes bolsillos. Muchos lo comparan con lo que fue la elección de Kennedy. Quizás lo sea, pero lo importante es que cualquier cosa es mejor que Bush, uno de los tipos más odiados del planeta.

Mientras miraba la excelente transmisión de los canales americanos (con pantallas multitouch gigantes, hologramas estilo Princesa Leia en Star Wars y gráficos 3D en estudio en vivo), sentía envidia por los miles de americanos que estaban reunidos desde temprano en los principales sitios del país. Allí no iban por el hotdog y la Coke (versión americana del Chori y la Coca), ni porque algún puntero político los llevó como ganado arriba de un colectivo. No había carteles anunciando la presencia de columnas del Intendente X o Y, sino banderas americanas. No había peleas por quienes estában más cerca del escenario para demostrar quienes eran más “obamistas que Obama”. Nada de eso. Y sentí envidia. Hace cuánto que la gente no sale a las calles a festejar una elección presidencial. Hace cuánto que la gente no se amontona en las escuelas porque sienten deseos de votar y no por tienen una obligación estatal que si pudieran se escaparían (como muchos lo hacen).

Ojalá que algún día, los argentinos nos demos cuenta que lo importante no es el voto, sino participar activamente en la política, desde cualquiera de los ámbitos; no hacer oídos sordos y protestar sólo cuando nos tocan el bolsillo. Mientras más nos involucremos, menos nos robarán en frente de nuestras narices y tendremos un lugar mucho mejor para todos.

Ojalá…

Recomiendo el post del amigo Kana, que también opina de forma similar a lo que yo pienso.