Borré 140 mil tweets y no me arrepiento

En junio cumplo 9 años en Twitter. Este blog cumple 9 años también casi en la misma fecha. Ambos nacieron por el mismo motivo: curiosidad. Durante todos estos años Twitter fue creciendo de manera exponencial hasta llegar a ser lo que es hoy: el centro de todos los debates, miserias y exposiciones sin sentido de cientos de miles de personas de todo el mundo. Pasé por “la ballenita y el ¿Qué estás haciendo?” al recuadro que dice “¿Qué está pasando?”, vi grandes eventos que sucedían por Twitter, así también como muchos de los laburos que tuve fueron en parte gracias a contactos que supe armar en Twitter. Twitter fue sin dudas un lugar en donde aprendí muchas cosas de lo que hago hoy.

Pero también se fue convirtiendo en una cloaca. Bueno, mejor en un pozo ciego. Un lugar en donde uno larga cosas muchas veces sin sentido y otras que se leen en momentos inoportunos. Todo queda registrado. Cada paso, cada puteada, cada vez que decimos alguna barbaridad sobre alguien. También cuando dejamos a la vista contradicciones o cosas que que podemos llegar a arrepentirnos luego. Siempre vamos a olvidar lo que escribimos con el tiempo. En ese sentido, creo que Snapchat tiene claro por qué las cosas tienen que durar sólo 24 horas. Más allá de eso a nadie le debería importar nada de lo que publicamos.

Hace unos meses vi, sobre todo con el cambio de gobierno, cómo Twitter se convirtió en el lugar preferido para exponer a las personas sobre lo que pensaban en un momento determinado de la historia. Muchos dirán que son unos panqueques, que no pueden sostener una idea y caen en la permanente contradicción. Yo creo que el problema es que justamente seguimos dandole entidad a algo que no sé si lo tiene: Twitter.

En mi caso, como en el de la mayoría que lleva mucho tiempo en una red social, se me hacía imposible recordar todas y cada unas de las cosas que había dicho alguna vez en 140 caracteres. No tengo idea. Pero un día me empezaron a hostigar con una tontería que fue sacada totalmente de contexto (cuando buscás algo en el archivo, sólo ves el tweet, pero no el resto de los mensajes que lo acompañaban). No valía la pena responder y lo borré.

Con el tiempo me di cuenta que tener 140 mil tweets era demasiado. Una gran pelota de cosas que uno no sabe ni dónde empieza, y casi que tampoco dónde termina. Y fue ahí en donde decidí borrar todo. No lo iba a lamentar, pues como dice “la amiga Marie Kondo” (?), si no usás (recordás) algo por mucho tiempo, es que no era muy importante.

Antes de borrar todo, le pedí a Twitter que me hiciera un backup de todo lo que había publicado. 140 mil tweets pesan tan sólo 29 mb. El problema principal fue que para borrarlo tuve que contratar un servicio pago externo. Un borrado de esta magnitud lleva varios días. Aún así, no me arrepiento de nada. Fue una etapa y necesitaba cerrarla de alguna forma en donde yo pudiera tener control de todo lo que estoy diciendo en un momento más maduro de mi vida (recuerden que cuando empecé era mucho más pendejo y ergo, pelotudo)

Todo esto debería en cierta forma replantearnos sobre lo que somos en el mundo digital. Si realmente queremos cargar con la mochila de cuentas tan viejas en donde el contexto de los tweets eran distintos (¡ey! nos juntábamos en TwittBaires, imagínese). En mi caso, 140 mil tweets se salieron de control. Borrarlos fue una forma de recuperar realmente mi cuenta.

Actualización 04/01/17: Debido a la repercusión que tuvo este posteo de abril de 2016, les comento algunos datos adicionales. La aplicación que usé para borrar fue TweetDeleter. Probé con otras, pero para una magnitud tan grande de tuits, lo mejor fue pagar (es una suscripción mensual, pero podés cancelarla después que el trabajo esté hecho). Lo bueno es que te deja elegir las fechas en las que querés borrar todo. En mi caso dejé todos los tweets de 2016 en adelante.

También les comento que corregí el posteo original en algunos conceptos que después de releerlos no se entendía nada. Lo escribí a las 23.53 y estaba agotadísimo 😛