Tagnasa

El vuelo final del transbordador espacial

El transbordador espacial Atlantis despegó del Cabo Kennedy y marcó el final de una era. Para los que nacimos en la década de los 80, estas naves espaciales representaron quizás lo mejor de la ciencia ficción y los sueños de convertirse en astronautas de cualquier niño. Eran similares a los aviones y de hecho, aterrizaban como planeadores. Pero luego con el tiempo nos dimos cuenta que limitaban mucho lo que realmente tiene que hacer la especie humana: explorar.

El transbordador espacial nació pocos años después de la misión más espectacular de la historia: las Apolo. Y se pensaron como una forma de experimentar la vida en el espacio durante largos períodos de tiempo. Era simple y barato, en comparación con lo que hubiese significado en los 70 un viaje a Marte. Se eligieron los vuelos en la órbita baja de la Tierra, o LEO (Low Earth Orbit), el espacio en donde nos hemos acostumbrado a vivir durante las últimas tres décadas. Si bien creo que se ha aprendido muchísimo de los vuelos a 500 km de distancia de la Tierra, la humanidad no puede permitirse no cumplir esa experiencia de conocer lo desconocido, al igual que los primeros exploradores del Viejo Continente.

El mensaje de Onganía que quedó en la Luna

Era el final de la dictadura de Juan Carlos Onganía. El Cordobazo y el Rosariazo fueron una serie de manifestaciones de trabajadores que se desarrollaron durante gran parte de 1969, el año que el hombre llegó a la Luna.

Sin embargo, eso no impidió que recibiera una invitación de la Secretaría de Estado de EE.UU para enviar un mensaje a la Luna. Las misiones Apolo ya habían realizado algunos sobrevuelos en la órbita lunar y había llegado la hora que Neil Armstrong y Buzz Aldrin pisaran nuestro satélite natural.

Fue así que se ideó una serie de mensajes para enviar a la Luna por distintos mandatarios y líderes del mundo. Tres semanas antes del lanzamiento, se encargó a una contratista de Massachusetts la construcción de un disco de silicio que llevaría un grabado microscópico. Varios mandatarios contestaron el pedido, pero otros solicitaron más información por lo confuso que resultaba para todos este tipo de solicitud.

El precio para llegar a la Estación Espacial

El fin del programa del transbordador espacial tiene una simple explicación: es caro. Comparado con los Soyuz rusos o el Falcon 9 que se utiliza para satélites de diversa envergadura, 450 millones de dólares por lanzamiento desde el Cabo Cañaveral parecen una enormidad. Los otros serán más pequeños, pero siguen siendo más eficientes, sobre todo, para los vuelos de la órbita baja de la Tierra.

El Atlantis está listo para viajar, esta semana, por última vez al espacio.

Enlace: Expansive trip to the space station

“Aquarius – SAC-D”: el satélite argentino que medirá la salinidad del mar

Aunque la tecnología haya avanzado a pasos agigantados, son pocos los países que tienen acceso al espacio. Y es quizás ese el mayor mérito de los científicos e ingenieros argentinos que, junto a la NASA, desarrollaron el satélite más avanzado que se haya construido hasta la fecha, motivo de orgullo nacional.

El “Aquarius – SAC-D” es el cuarto satélite “profesional” -para diferenciarlo de los fabricados por instituciones educativas- que se desarrolla en el país y es el más grande que se haya construido hasta la fecha. Su peso supera los 1500 kg y cuenta con varios instrumentos, entre los que se encuentra el Aquarius, desarrollado por el JPL (NASA), encargado de medir los niveles de salinidad de los océanos y cinco creados por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). El satélite fue desarrollado en las instalaciones de INVAP, una empresa estatal con participación de los gobiernos de Río Negro y el Estado Nacional.